Colombia
“Un pueblo debe conocer su cultura en lo mas profundo de sus dimensiones. El estudio sobre los mitos y leyendas aporta el conocimiento de las mentalidades y los imaginarios
Colectivos de nuestros pueblos”
Del libro Mitos y Leyendas de Antioquia la Grande de Javier Ocampo López.
LA MADREMONTE
La Madremonte es el mito folclórico de Antioquia Grande, de los Andes centrales y occidentales de Colombia y se extiende también a los valles del Magdalena y del Cauca. Los campesinos de la colonización antioqueña en el occidente colombiano narran numerosos cuentos y anécdotas sobre la Madremonte, la deidad tutelar de los montes y las selvas, que rige los vientos, las lluvias y todo el mundo vegetal, también se conoce como la Madreselva.
Aun cuando no tiene una representación material definida, los campesinos describen la Madremonte en diferentes formas: a veces aparece como una mujer musgosa y putrefacta, enraizada en los pantanos, que vive en el nacimiento de los riachuelos y cerca de las grandes piedras. Generalmente aparece en zonas de marañas y maniguas, con árboles frondosos y en regiones selváticas.
Algunos la describen con ojos brotados como de candela, colmillos grandes como los de los saínos, con manos largas y una impresionante expresión de furia, siempre vestida con chamizos, hojas y bejucos. Otros la describen como una mujer alta, corpulenta, elegante y vestida de ramajes, hojas frescas, frondas, bejucos y de musgo verde y con un sombrero alón cubierto de hojas y plumas verdes; su cabello esta cubierto de lianas y musgos que no le dejan ver el rostro, y también porque el sombrero con tantas ramas opaca la cara. A veces aparece en los rastrojos convertida en una zarza tupida en movimiento que observa con rabia a los humanos que pasan por la selva o los montes. También, a veces parece como un ser, mitad mujer y mitad monte, como de paja; o también, como una anciana vestida de hojas, con cara color ceniza, ojos desorbitados y rojos y las manos en puro hueso.
La Madremonte ataca cuando hay grandes tempestades, vientos inundaciones y borrascas que acaban los sembrados, las cosechas y los ganados. Los campesinos andinos cuentan que oyen sus bramidos y gritos infernales en noches tempestuosas y oscuras. A veces escuchan un quejido agudo, profundo y penetrante, el cual se expande misteriosamente en la manigua en medio de los truenos, rayos y centellas. Algunos campesinos creen que las inundaciones y borrascas de los ríos se deben a que la Madremonte se esta bañando en el nacimiento de las quebradas; así estas aguas se enturbian.
La Madremonte se presenta también como la diosa guardiana de los bosques que defiende la inviolabilidad de las selvas y expresa intensa cólera con los aserradores, cazadores y pescadores que invaden sus dominios. Cuando los leñadores derriban árboles de la selva, la Madremonte grita, gime y se enfurece. Los campesinos dicen que la Madremonte persigue los vagabundos, a los esposos infieles y a quienes pelean por linderos y fronteras; desorienta a los caminantes en el monte y los envuelve con una fuerza infernal del tal furor, que los hace perder el camino y los entra en la oscuridad de la noche y en la más angustiosa desorientación.
Los campesinos dicen que la Madremonte hace perder a los niños en los campos, los conduce a zonas boscosas o rocallones y los esconde debajo de las cascadas. Cuando se bañan en las fuentes de nacimiento de los ríos, especialmente en la época de crecidas y de las borrascas y los vientos, impregna las aguas con pestes y enfermedades, y trasmite el carate, el tuntún, las culebrillas, las sarnas y otras epidemias.
Los campesinos de las regiones aledañas a los bosques creen que un peligro de los caminantes en las trochas es escuchar los chillidos de la Madremonte, porque estos se van compenetrando tanto con la persona, que adquiere una fuerza de imán que atrae a las gentes a los matorrales, a los pantanos, y al nacimiento de los ríos en noches oscuras, tormentosas y de fuertes vientos y lluvias. Los campesinos para prevenir el encuentro con ella gustan fumar tabaco y llevar en el bolsillo unas pepas de covalonga; y asimismo llevan medallas benditas y escapularios, bastón de guayacán y varas de cordoncillo. Los campesinos dicen que cuando uno se encuentra con la Madremonte, cara a cara, debe insultarla y alejarla del lugar, dándole latigazos con rejos fuertes y no demostrarle espanto o temor.
El escritor costumbrista de Antioquia, don Tomas Carrasquilla, nos dice en una de sus obras que “La Madremonte es un espíritu maligno que señoreaba los bosques, desorientaba o trastornaba a los que aventuraban en sus laberintos y se le oía gritar en las profundidades del monte”. En algunos pueblos de Antioquia las gentes evocaban a la Madremonte en las fiestas populares y especialmente en el Corpus Christi, como una hermosa joven cubierta de musgos, ramas, hojas secas que se conducía en carruajes campesinos, cubiertos de matorrales: era la representación del mito femenino de los bosques. De ahí que en los orígenes míticos de la Madremonte en la región de Antioquia y del Atrato, existe el planteamiento de su posible ascendencia en el mito de la Diosa Dabaibe o Dabeiba de los indios catios, nutabaes y chocoes, que tenia un inmenso poder mágico religioso en las selvas antioquenas y del Atrato y que estaba alrededor de las fuerzas naturales, los grandes ríos y los huracanes.
Aporte de Martha Martinez
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